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8M. No me regales un spa de manos

El título de este artículo honra un espacio sagrado que tenemos con un grupo de mujeres en una empresa cliente, y el cual tengo la fortuna de coordinar, dentro del marco de iniciativas en diversidad e inclusión.


En uno de esos encuentros y pensando ya en las acciones a realizar para el 8M, surgió la conversación sobre los regalos que realizan las empresas a las mujeres.


Esa maravillosa conversación dio a luz semanas después, este artículo que les comparto, y que espero que sea una contribución para interpelarnos.


Muchas empresas incluyen en la planificación de sus presupuestos anuales, la “línea” regalo día de la mujer. Desde una posición constructiva, celebro que al menos hay un registro sobre la fecha, y una intención de querer hacer algo alusivo al respecto.

Desde una posición “crítica” me gustaría preguntarle a esas empresas, sus líderes y sus trabajadores, en que medida ese regalo contribuyo a que sus colaboradoras mujeres ganen igual que sus pares hombres, o que en alguna reunión no hayan sido víctimas de comentarios sexistas, o que al participar en entrevistas para una promoción no les pregunten respecto a sus planes de maternidad.


Me gustaría preguntarles también si en el transcurso del año, promueven procesos y políticas que crean espacios igualitarios. La lista de todo lo que se puede hacer es extensa. Podemos comenzar por políticas de ajustes salarial que no sean desiguales entre hombres y mujeres, fomentar el acceso a las mismas oportunidades de desarrollo y planes de carrera, integración en sus agendas de talleres de sensibilización, y fomentar comunicaciones sanas y transparentes sin sesgos de género.


Yendo más en profundidad, me gustaría preguntarles a las personas que forman parte de esas empresas y de la sociedad en su conjunto, sí conocen el trasfondo de que exista el 8M. Si están al tanto de los hechos históricos que llevaron a las Naciones Uniandes en 1975 a institucionalizar la fecha en el mundo. (Para los que no tienen conocimiento, les recomiendo este artículo)


Me recibí en el 2001 de Licenciada en Administración de Recursos Humanos, transitar la carrera me llevó 4 años. El foco de la misma a modo de síntesis está en adquirir herramientas para contribuir con las organizaciones en la gestión de las personas en entornos de trabajo, y sin embargo, en ninguna de las materias que curse ni en esa ventana de tiempo, apareció la palabra “diversidad”, “inclusión”, “género”, “disidencias sexuales” y tantas otras...


¿A dónde quiero ir con este punto? Gran parte de los profesionales que hoy lideran diferentes áreas dentro de las organizaciones no han experimentado en sus carreras, la formación en temáticas de este tipo donde los hayan invitado a la toma de conciencia, la reflexión y a la indagación de las estructuras establecidas.


Frente a esto, entonces no sorprende que para el 8M, las opciones sean regalar un spa de manos, un curso de auto maquillaje, una charla de liderazgo femenino (como si el liderazgo tuviese género....), una caja de bombones, o un ramo de rosas, porque a las mujeres se les regala ¿rosas?.


Una construcción desigual


Los seres humanos, en el devenir de nuestra historia, hemos ido construyendo a “los otros” de diferentes maneras. Para simplificarlo, en base al cometido de este artículo, podríamos decir que esa construcción se ha realizado en clave de igualdad o en clave de desigualdad.


La historia “oficial” fue escrita por los hombres (quienes tenían el derecho de aprender a leer y escribir). El hombre que escribió esta historia que conocemos, asumió la representación universal de la humanidad. Y en ella, ha construido a las mujeres, y a “algunos” hombres en clave de desigualdad. Por ejemplo hombres descendientes afroamericanos, homosexuales o aborígenes.


Un acontecimiento histórico que da cuenta de ello es la Revolución Francesa, cuando se definen quienes son los sujetos con derecho, bajo el concepto de “ciudadanos”. En esa definición, por ejemplo, no se le da el derecho a la mujer a votar o administrar sus fortunas.


El feminismo, a mi modo de ver, no es una lucha aislada por la píldora, mejores condiciones salariales, o el manejo de los propios bienes materiales, es la lucha por interpelar esa historia escrita, por romper cada uno de los eslabones en las estructuras de sometimiento a las que venimos atadas las mujeres, domesticadas por mandatos, colapsadas por las cargas mentales que nos dejan, y por la imposición del rol del segundo sexo.


Hoy, 8M 2021, podemos ser protagonistas de esta revolución. Cada año se genera más conciencia, cada año estamos haciendo más visible nuestra causa, cada año incomodan más los comentarios machistas, cada año se visibilizan y denuncian más los hechos de violencia, cada año marchamos, y seguimos potenciando nuestra voz y nuestros derechos.


La unión que generemos, será la fuerza que movilizará la llegada a la sociedad para construir el mundo en el cual deseamos vivir.


La lucha , tiene muchos años. Sin embargo, para lograr un cambio mayor y urgente, necesitamos integrar los esfuerzos. Un verdadero cambio comienza con la modificación de los modelos mentales de cada uno de los actores sociales. Cuando cambiamos nuestro observador, comienza el cambio en nuestras acciones.


Nos propongo indagar, tomar conciencia, de cada uno de los juicios que hoy tod@s tenemos. Cada vez que tengas un pensamiento machista, seas hombre, mujer o persona no binaria, no lo dejes pasar, detenete a analizarlo, de donde viene, como podes trabajarlo, como podes crear una nueva ruta neuronal para dejar de automatizar esas respuestas mentales que son la causa de las acciones que no contribuyen al desarrollo igualitario de una sociedad.


Lo mejor con los que nos pueden acompañar hoy y todos los días, no es con un regalo, sino integrándose en la lucha, porque el futuro que viene lo construimos tod@s y necesitamos que las campañas que se promueven en este día, se transformen en hechos reales, primero puertas para adentro de cada organización.


Acompañame a generar una sociedad más inclusiva y equitativa, desde el espacio que ocupas.


Por eso, te pido, no me regales un spa de manos.


Escrito por Romina Balayn con la colaboración de Camila Solimano


Founder de Join Up | Directora Cono Sur Twiins

Profesora de la materia Gestión de la Diversidad en las Organizaciones | UADE.

Coach. Consultora. Emprendedora.


@creandopoderdeaccion


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